Una investigación reciente liderada por la Universidad de Turín, publicada en la revista Science Immunology, identificó que el ácido palmítico, uno de los componentes presentes en distintos aceites y grasas, puede influir en la respuesta del sistema inmunológico frente a células tumorales.
El estudio señala que este ácido graso puede afectar el funcionamiento de las células T CD8, responsables de reconocer y eliminar células cancerígenas, lo que podría facilitar la progresión tumoral en ciertos contextos.
Estos hallazgos refuerzan la creciente evidencia sobre la relación entre nutrición, metabolismo lipídico e inmunidad, especialmente en enfermedades complejas como el cáncer.
Los investigadores observaron que el ácido palmítico impacta directamente en las mitocondrias de las células T CD8, estructuras clave para la producción de energía celular.
En presencia de este compuesto, las mitocondrias reducen su tamaño y actividad, lo que limita la capacidad energética de estas células inmunes. Como consecuencia, su función se ve comprometida y disminuye su eficacia para eliminar células tumorales.
Este mecanismo evidencia que no solo las células cancerígenas utilizan lípidos como fuente de energía, sino que ciertos tipos de grasas también pueden modular negativamente la respuesta inmunitaria.
Uno de los aportes más relevantes del estudio es la identificación de la enzima SPHK2 (esfingosina quinasa 2) como un factor clave en este proceso.
Los investigadores comprobaron que el fármaco experimental opaganib, desarrollado por la RedHill Biopharma, es capaz de inhibir esta enzima y restaurar la capacidad de las células inmunes para combatir tumores, incluso en entornos con alta presencia de ácido palmítico.
Los ensayos, realizados en cultivos celulares y modelos animales, abren nuevas perspectivas para el desarrollo de terapias dirigidas que combinen estrategias farmacológicas y nutricionales.
Actualmente, este medicamento se encuentra en fase de evaluación clínica en distintos tipos de cáncer, aunque aún no cuenta con aprobación para uso general.
Los resultados del estudio subrayan que no todos los ácidos grasos tienen el mismo efecto en el organismo. Mientras que el ácido palmítico mostró un impacto inhibidor en la función inmune, otros ácidos grasos, como el ácido linoleico, podrían contribuir a fortalecerla.
Este enfoque pone en evidencia la importancia de considerar la calidad de las grasas en la dieta, especialmente en contextos clínicos, donde la nutrición puede influir en la respuesta del organismo frente a enfermedades.
Si bien el ácido palmítico está presente en diversos alimentos, no es posible eliminarlo completamente de la dieta, ya que forma parte de la composición natural de múltiples aceites y grasas, incluido el aceite de oliva.
Sin embargo, los especialistas señalan que es posible moderar su consumo, especialmente en productos con mayor concentración, como el aceite de palma y algunas grasas de origen animal.
En este contexto, el estudio refuerza una tendencia clave para la industria: la creciente demanda de información sobre el perfil lipídico de los aceites y su impacto en la salud, lo que impulsa el desarrollo de productos con mayor valor nutricional y diferenciación en el mercado.
Los investigadores destacan que estos resultados forman parte de estudios preclínicos, por lo que aún es necesario validar su impacto en pacientes.
No obstante, el avance abre nuevas oportunidades para integrar la nutrición como parte de las estrategias terapéuticas en oncología, bajo enfoques personalizados que consideren tanto el tipo de tumor como el perfil metabólico del paciente.
La interacción entre lípidos e inmunidad se consolida así como un campo clave de investigación, con implicaciones tanto para la salud como para la innovación en la industria de aceites y alimentos.
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