El consumo regular de aceite de oliva extra virgen vuelve a situarse en el centro de la evidencia científica, esta vez por su posible contribución a la preservación de la memoria y la función cognitiva. Un estudio liderado por la Universitat Rovira i Virgili (España) identificó una relación directa entre su ingesta habitual, una mayor diversidad de la microbiota intestinal y una mejor salud cerebral.
La investigación, desarrollada junto al Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV) y el CIBERobn, analizó durante dos años a 656 adultos entre 55 y 75 años con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico. Los resultados mostraron que quienes incorporaron aceite de oliva extra virgen en su dieta experimentaron mejoras significativas en la función cognitiva frente a quienes consumieron aceite refinado.
El estudio, publicado en la revista científica Microbiome, es el primero en evaluar en humanos el papel específico del aceite de oliva en la interacción entre microbiota intestinal y función cognitiva, abriendo nuevas perspectivas en la prevención del deterioro cerebral.
La clave radica en su proceso de elaboración. El aceite de oliva extra virgen se obtiene exclusivamente mediante procedimientos mecánicos, lo que permite conservar antioxidantes naturales, polifenoles, vitaminas y otros compuestos bioactivos. En contraste, el aceite refinado atraviesa procesos industriales que reducen significativamente estos componentes.
Los investigadores identificaron además al género bacteriano Adlercreutzia como posible marcador biológico asociado a los beneficios neuroprotectores del aceite extra virgen. Este hallazgo sugiere que parte de su efecto positivo estaría mediado por la microbiota intestinal y su interacción con los fitoquímicos presentes en el producto.
En un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de casos de demencia y Alzheimer, estos resultados refuerzan la importancia de priorizar grasas de alta calidad dentro de la alimentación diaria.
La literatura científica continúa fortaleciendo esta línea de investigación. Un análisis observacional publicado en EatingWell evaluó datos de 92.383 personas y encontró que quienes consumían al menos media cucharada diaria de aceite de oliva extra virgen presentaban un 28 % menos de riesgo de fallecimiento asociado a enfermedades neurodegenerativas.
Aunque este tipo de estudios no establece causalidad directa, la consistencia de los hallazgos resulta relevante.
Adicionalmente, una investigación publicada en Human Genomics utilizó inteligencia artificial para analizar el perfil químico del aceite de oliva extra virgen, identificando diez fitoquímicos con potencial preventivo frente al Alzheimer, entre ellos quercetina, luteolina y kaempferol. Estas moléculas actuarían sobre vías biológicas relacionadas con el estrés oxidativo y la inflamación neuronal.
Modelos alimentarios como la dieta MIND que integra principios de la dieta mediterránea y la DASH priorizan el consumo de aceite de oliva, vegetales, frutos secos, legumbres y pescado como estrategia preventiva frente al deterioro cognitivo.
De acuerdo con la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard, seguir este patrón alimentario puede reducir el riesgo de demencia en adultos de mediana y avanzada edad.
Más allá del consumo, la calidad y la correcta conservación del aceite son determinantes para preservar sus propiedades. Se recomienda optar por envases de vidrio oscuro, almacenamiento en lugares frescos y evitar exposición prolongada a luz y calor, factores que aceleran la oxidación y degradación de sus compuestos bioactivos.
La evidencia actual consolida al aceite de oliva extra virgen como un componente estratégico dentro de una dieta orientada a la prevención de trastornos neurodegenerativos. Su integración diaria, junto con hábitos saludables, podría marcar una diferencia significativa en la salud cerebral a largo plazo.
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