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Hígado graso: el aceite que sí ayuda

Un aliado natural para reducir la inflamación y mejorar la salud hepática

El hígado graso es una de las enfermedades metabólicas más comunes en el mundo moderno, y su relación con los hábitos alimentarios es directa. La investigación reciente ha revelado que no todas las grasas actúan igual en el organismo: algunos aceites comestibles pueden empeorar la acumulación de lípidos en el hígado, mientras que otros ayudan a reducirla. Entre ellos, uno destaca por su respaldo científico. Aquí te explicamos cuál es, por qué funciona y cómo integrarlo en la dieta.

El aceite comestible más efectivo para disminuir la grasa en el hígado

Las investigaciones citadas por la Fundación para el Estudio de las Hepatitis Virales (FEHV) señalan que el aceite de oliva es el aceite comestible que reduce de forma significativa la acumulación de grasa hepática.
Estudios clínicos muestran que su consumo regular dentro de una dieta equilibrada mejora parámetros metabólicos, hepáticos y cardiovasculares.

1. Cómo influye la alimentación en el hígado graso

El hígado graso —o esteatosis hepática— se desarrolla por la acumulación excesiva de lípidos en las células hepáticas.
Sus causas principales son:

  • Dieta rica en ultraprocesados y grasas dañinas

  • Sedentarismo

  • Obesidad

  • Resistencia a la insulina

  • Factores genéticos

Sin control, puede evolucionar a inflamación, fibrosis e incluso cirrosis.

Surtido de aceite de oliva en vidrio y aceitunas verdes.

2. El aceite de oliva: el más efectivo según estudios clínicos

Investigaciones de la FEHV compararon el aceite de oliva con otros aceites vegetales, como el de girasol.
En uno de los estudios:

  • 32 pacientes consumieron aceite de oliva durante 3 meses.

  • 34 consumieron aceite de girasol.

Resultados: quienes tomaron aceite de oliva redujeron la grasa del hígado y la grasa corporal total de forma más notable.

Otro ensayo mostró que agregar tres cucharadas de aceite de oliva virgen extra al día dentro de una dieta baja en calorías disminuyó las transaminasas y favoreció la pérdida de peso.

3. Beneficios adicionales para la salud cardiovascular

El aceite de oliva no solo actúa sobre la grasa hepática. También:

  • Reduce el colesterol LDL (“malo”)

  • Mantiene estable el HDL (“bueno”)

  • Disminuye el riesgo cardiovascular asociado al hígado graso

  • Favorece un metabolismo más estable y antiinflamatorio

Estos efectos lo convierten en una grasa ideal para personas con síndrome metabólico.

4. Comparación con otros aceites comestibles

Investigaciones citadas por la FEHV revelan que el aceite de oliva supera a otros aceites como:

  • Girasol

  • Soja

  • Cártamo

Los pacientes que consumieron aceite de oliva mostraron:

  • Menor grasa hepática

  • Menor grasa corporal total

  • Disminución de biomarcadores de daño hepático

Esto sugiere un efecto protector y reparador.

botellas de aceitunas aceitunas amarillas y hojas

5. Papel complementario del café según los estudios

La FEHV señala que el consumo moderado de café (hasta 3 tazas diarias) puede ayudar a retrasar o evitar el avance del hígado graso hacia etapas más graves.
El café:

  • Reduce inflamación hepática

  • Mejora enzimas hepáticas

  • Actúa como antioxidante natural

Combinado con aceite de oliva, es parte de una estrategia nutricional eficaz.

6. Recomendaciones para un manejo integral del hígado graso

El tratamiento no farmacológico recomendado por entidades médicas incluye:

  • Dieta equilibrada basada en grasas saludables (principalmente aceite de oliva)

  • Ejercicio físico regular

  • Reducción de azúcares y ultraprocesados

  • Supervisión médica para ajustar la alimentación y evaluar la evolución

El aceite de oliva no reemplaza un tratamiento médico, pero sí es uno de los aliados nutricionales con mayor evidencia científica.

Entre todos los aceites comestibles evaluados, el aceite de oliva es el que ha demostrado mejor capacidad para disminuir la grasa hepática, mejorar parámetros metabólicos y proteger la salud cardiovascular. Integrarlo diariamente en la dieta, junto con hábitos saludables y la guía de un profesional de la salud, puede marcar una diferencia significativa en el manejo y prevención del hígado graso.

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