El hígado graso es una de las enfermedades metabólicas más comunes en el mundo moderno, y su relación con los hábitos alimentarios es directa. La investigación reciente ha revelado que no todas las grasas actúan igual en el organismo: algunos aceites comestibles pueden empeorar la acumulación de lípidos en el hígado, mientras que otros ayudan a reducirla. Entre ellos, uno destaca por su respaldo científico. Aquí te explicamos cuál es, por qué funciona y cómo integrarlo en la dieta.
Las investigaciones citadas por la Fundación para el Estudio de las Hepatitis Virales (FEHV) señalan que el aceite de oliva es el aceite comestible que reduce de forma significativa la acumulación de grasa hepática.
Estudios clínicos muestran que su consumo regular dentro de una dieta equilibrada mejora parámetros metabólicos, hepáticos y cardiovasculares.
El hígado graso —o esteatosis hepática— se desarrolla por la acumulación excesiva de lípidos en las células hepáticas.
Sus causas principales son:
Dieta rica en ultraprocesados y grasas dañinas
Sedentarismo
Obesidad
Resistencia a la insulina
Factores genéticos
Sin control, puede evolucionar a inflamación, fibrosis e incluso cirrosis.
Investigaciones de la FEHV compararon el aceite de oliva con otros aceites vegetales, como el de girasol.
En uno de los estudios:
32 pacientes consumieron aceite de oliva durante 3 meses.
34 consumieron aceite de girasol.
Resultados: quienes tomaron aceite de oliva redujeron la grasa del hígado y la grasa corporal total de forma más notable.
Otro ensayo mostró que agregar tres cucharadas de aceite de oliva virgen extra al día dentro de una dieta baja en calorías disminuyó las transaminasas y favoreció la pérdida de peso.
El aceite de oliva no solo actúa sobre la grasa hepática. También:
Reduce el colesterol LDL (“malo”)
Mantiene estable el HDL (“bueno”)
Disminuye el riesgo cardiovascular asociado al hígado graso
Favorece un metabolismo más estable y antiinflamatorio
Estos efectos lo convierten en una grasa ideal para personas con síndrome metabólico.
Investigaciones citadas por la FEHV revelan que el aceite de oliva supera a otros aceites como:
Girasol
Soja
Cártamo
Los pacientes que consumieron aceite de oliva mostraron:
Menor grasa hepática
Menor grasa corporal total
Disminución de biomarcadores de daño hepático
Esto sugiere un efecto protector y reparador.
La FEHV señala que el consumo moderado de café (hasta 3 tazas diarias) puede ayudar a retrasar o evitar el avance del hígado graso hacia etapas más graves.
El café:
Reduce inflamación hepática
Mejora enzimas hepáticas
Actúa como antioxidante natural
Combinado con aceite de oliva, es parte de una estrategia nutricional eficaz.
El tratamiento no farmacológico recomendado por entidades médicas incluye:
Dieta equilibrada basada en grasas saludables (principalmente aceite de oliva)
Ejercicio físico regular
Reducción de azúcares y ultraprocesados
Supervisión médica para ajustar la alimentación y evaluar la evolución
El aceite de oliva no reemplaza un tratamiento médico, pero sí es uno de los aliados nutricionales con mayor evidencia científica.
Entre todos los aceites comestibles evaluados, el aceite de oliva es el que ha demostrado mejor capacidad para disminuir la grasa hepática, mejorar parámetros metabólicos y proteger la salud cardiovascular. Integrarlo diariamente en la dieta, junto con hábitos saludables y la guía de un profesional de la salud, puede marcar una diferencia significativa en el manejo y prevención del hígado graso.
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